Las calles pensadas de Europa - por Raulalgo.

Durante mucho tiempo hemos admirado cómo otras disciplinas, como la arquitectura o el urbanismo, han conseguido incorporar la accesibilidad dentro de las políticas públicas. El activismo puede ser la diferencia entre desear algo y convertirlo en realidad.

1. Buchstabenwurst

A principios de año, cuando visité Valencia, os introduje en el no tan amigable mundo de las asociaciones de diseño. En España tenemos asociaciones regionales como ADCV (para la Comunidad Valenciana) o DIME (para Castilla y León, y de la que formo parte). Todas estas asociaciones regionales se unen bajo una entidad mayor llamada READ. Esta estructura tiene su equivalente europeo en BEDA.

Estas líneas están escritas desde Múnich, durante el fin de semana, donde asistí al Design Forum anual de BEDA. Un par de días para reunirme con una enorme diversidad de voces del diseño, cada una con su propio acento europeo. Un gran recordatorio, para alguien como yo, de que existe una escena de diseño densa y activa no solo en el sector privado, sino también en el ámbito público y académico.

BEDA representa una cuarta capa que complementa las tres anteriores: el activismo y el lobby. Un espacio en el que nos reunimos no solo como diseñadores, sino como actores políticos con intereses, objetivos y el deseo de mejorar la vida de nuestros colegas y de la sociedad en la que vivimos.

Una gran oportunidad para cambiar de marcha respecto a las dinámicas ultracentradas en el valor económico del diseño dentro de la empresa privada.

2. Encontrar sentido

“Más allá del diseño irreflexivo” fue el tema del Forum de este año, con la accesibilidad ocupando el centro de la mañana. Mi momento favorito fue la presentación del diseñador, educador y miembro de G42 Rihards Funts, que perdió la vista hace unos años. Hace que muchos de los temas que normalmente tratimos en esta newsletter parezcan un juego de niños.

Dame un martillo y todo parecerá un clavo; dame 15 años diseñando productos digitales y la accesibilidad visual me parecerá simplemente lectores de pantalla, contraste de color y textos alternativos. Funts pone el foco sobre algo tan obvio que rara vez pensamos en ello.

Cuando llego a una ciudad nueva, saco el móvil y abro Google Maps para saber hacia dónde voy, pero después del algoritmo, las instrucciones, los giros y el texto… está la ciudad. “Gira a la derecha después de la iglesia”, “deja el supermercado a tu izquierda”, “nos vemos bajo el reloj del ayuntamiento”. Los puntos de referencia no se pueden tocar, leer ni sentir. Si no puedes verlos, ¿cómo pueden ayudarte los otros sentidos a orientarte?

El sonido del tráfico puede dificultar escuchar un lector de pantalla, pero también indicarte que has llegado al cruce. La textura del pavimento puede señalar direcciones o avisarte de que estás demasiado cerca de la carretera. Incluso el olor se convierte en un punto de referencia: ahora que Charlotte está embarazada otra vez, ha cambiado el camino hacia el metro para evitar el olor de la pescadería, que ahora le resulta insoportable.

Normalmente son las observaciones más sutiles y amables —ese señalar con el dedo y preguntar “¿has pensado en esto?”— las que resuenan con más fuerza.

3. Hacer valer un punto

Por la tarde tuvo lugar una conversación sobre políticas de diseño moderada por Piotr Swiatek. Quince personas sentadas en la mesa procedentes de no menos de diez países. Cada una aportando su propia interpretación tanto de “Diseño” como de “Europa”.

Empezamos con las conclusiones del informe Design Policy Mapping in Europe, publicado por BEDA el pasado noviembre, que dibuja un panorama contradictorio:

“Por un lado, las políticas de diseño explícitas son escasas. Por otro, el diseño es más visible e influyente que nunca.”

Pero eso no es suficiente. Las ambiciones de BEDA ya habían sido planteadas por su presidenta saliente, Christina Melander:

“El diseño ya no debe tratarse como una ocurrencia tardía, sino integrarse como un motor central en la toma de decisiones políticas y organizativas.”

En política y gobernanza, el diseño también quiere un asiento en la mesa.

Mi amigo Kike Corecher, que lleva muchos más años en esto que yo, siempre insiste: “son las personas adecuadas las que desbloquean las cosas”. La confianza de la persona correcta que abrirá el siguiente puñado de puertas.

En eso estamos en el mismo barco que el resto de la sociedad. Ya sea a través de un partido político, un sindicato o una organización benéfica, cualquiera que quiera provocar un cambio político se enfrenta a la misma pregunta: cómo conseguir que nuestras voces sean escuchadas.

Mi esperanza es que lleguemos a esta pelea de cuchillos con una pistola. Cualquier otro grupo —profesional o político— que quiera hacer activismo tendrá que resolver desde el principio retos que para nosotros deberían ser naturales: desde el branding hasta el storytelling, tenemos muchísimo conocimiento propio que podemos aprovechar para transmitir nuestro mensaje de la forma más eficaz posible.

4. Caminar la calle

“La Unión Europea necesita más…” Esa fue la última pregunta de una pequeña entrevista que grabé durante el Forum. Y todo se reducía a un concepto muy español: el diseño en la Unión Europea necesita más “calle”.

En España decimos “te falta calle” para referirnos a alguien cuyos conocimientos o habilidades están demasiado desconectados de la vida cotidiana. Ahora me da rabia no haber reaccionado lo suficientemente rápido para mencionar las camisetas que el estudio castellano-leonés Microbio —y compañeros de DIME— imprimió para concienciar sobre la despoblación rural:

“No te falta calle, te falta campo.”

Uno de nuestros mayores pecados es idear y teorizar en un circuito de diseñadores hablando para diseñadores que escuchan a diseñadores para impresionar a otros diseñadores. En ese bucle nos encanta decir lo correcto: lo importante que es escuchar a los usuarios, a la gente o a los ciudadanos; pero, ¿esas personas “normales” conectarían realmente con cualquiera de las cosas que discutimos cuando nos reunimos?

Llámalo calle, llámalo campo, o simplemente el resto del mundo, pero siempre podemos recordarnos una vez más que el mejor diseño empieza y termina en las personas que van a disfrutarlo. No se trata de convencerlas de nada, sino de escuchar, prestar atención y apartarnos de su camino todo lo posible.